Como ya se ha explicado, en el Movimiento Moderno se
pretendía romper con las anteriores maneras de hacer arquitectura; y, por lo
tanto, en lo que incumbe a la forma, también se intenta esta rotura.
En la época de la revolución industrial y el composicionismo
beaux-arts se considera a la función como fin, utilizando como medio la
firmitas (separado en conveniencia y salubridad) y siendo la forma un
resultado. Como base para la arquitectura se usa la caja arquitectónica, que crea las limitaciones
de los habitáculos y las intercomunicaciones interiores del edificio.
En el Movimiento Moderno se considera que la forma sigue a
la función y que están íntimamente relacionados, puesto que la firmitas se
queda fuera de la ecuación. Por lo tanto se utilizan las formas geométricas con
libertad según se desee para crear el edificio.
Le Corbusier, utilizando sus propios puntos arquitectónicos,
proyecta sus edificios a través de la planta libre y de la fachada libre, por
lo que las figuras geométricas son muy diversas. Esto se ve reflejado en
distantes construcciones suyas, como la iglesia de Rochamp o la villa Saboya.
En el edificio a analizar, la Casa Doble en la
Weissenhofsiedlung, la forma geométrica se compone de un cuerpo alargado,
dividido en dos, del que sale otro cuerpo alargado. La división, que descompone
el edificio en dos partes desiguales, hace también la función de eje de
simetría, creando dos espacios, que aunque no idénticos, son muy similares.
Por lo tanto, la aportación de Le Corbusier a la exposición,
realizada a través de formas geométricas puras, resulta una composición
armónica, que muestra que aunque las formas sean sencillas la composición puede
ser compleja.

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